TENEMOS QUE SER SOLIDARIOS CON AQUELLAS PERSONAS QUE SUFREN ...
yo no puedo creer como es q africa y gran parte del mundo es...
hola soy de peru7 isi abeses no tomamos en cuenta que ...
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DIOS MIO,YO QUE ALGUNAS VECES VOTO LA COMIDA Y RESULTA QUE H...Cada vez valoramos más la calidad de los servicios y de los productos. La excelencia se ha convertido en una aspiración distintiva de nuestras sociedades desarrolladas. Buscamos la calidad en la educación, en nuestras ropas, en la atención sanitaria. No se trata de satisfacer nuestras necesidades, sino de hacerlo en las mejores condiciones, con el mayor agrado personal y de acuerdo a nuestras exigencias.
Bastaría recordar cómo vivían nuestros abuelos para constatar que los avances y mejoras son manifiestos hasta para los más nostálgicos. Nuestras vidas hoy son más ricas en posibilidades y están menos sometidas a las limitaciones y debilidades propias de la especie. En este contexto se desenvuelven hoy nuestras preocupaciones y aspiraciones.
Si alargamos la mirada y ampliamos nuestro horizontes, la realidad no es tan halagüeña ni gratificante. Nos resulta provocadora, injusta y amenzante. Basta detener nuestra atención en unos aspectos significativos:
En definitiva, mientras nosotros aspiramos a la excelencia, dos terceras partes de la humanidad sueña con una atención sanitaria básica, con una educación elemental, con una comida suficiente y con una bebida saludable. Si nuestra mirada no descubre esta otra realidad y nuestra solidaridad sólo es de cercanías, nos convertiremos en una sociedad cada vez más amenazada, más miedosa y más cerrada en sí misma.
Autor: Mikel Burgos - Revista Claret | Publicado el 05-07-2004 | Lecturas: 1166