TENEMOS QUE SER SOLIDARIOS CON AQUELLAS PERSONAS QUE SUFREN ...
yo no puedo creer como es q africa y gran parte del mundo es...
hola soy de peru7 isi abeses no tomamos en cuenta que ...
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DIOS MIO,YO QUE ALGUNAS VECES VOTO LA COMIDA Y RESULTA QUE H...¿Qué hacen una auxiliar de clínica, un estudiante de psicología, una profesora, un informático y una periodista en Eritrea?
Si lo medimos desde un punto de vista material, hacer, lo que se dice hacer, la verdad es que no hicimos grandes cosas. Tan sólo pusimos nuestro granito de arena en la construcción de algunos gallineros que van a permitir mejorar un poco la condición de vida de unas cuantas familias de Mai Miné. Mejor dicho, no pusimos granitos de arena, pusimos piedras y ladrillos.
Allí pasamos el mes de julio, perdidos en la montaña, en compañía de unas maravillosas "samaritanas" (como las llama Pedro Arrambide), las Hijas de la Caridad de Mai Miné. Por la mañana acudíamos a la obra del gallinero. Estábamos bajo las órdenes de nuestro "arquitecto", Shemendi, y el "capataz", Nebai. Aunque a veces el trabajo era duro (¡hicimos músculos de llevar tantos ladrillos!) la verdad es que nos complacía ser protagonistas cada mañana de una curiosa imagen: cinco europeos blancos trabajando bajo las órdenes de dos eritreos... Y entre ladrillo y ladrillo, de vez en cuando, un "have a rest".
Por las tardes, jugábamos con l@s niñ@s del pueblo. Eran decenas y decenas de pequeñajos que estiraban sus brazos para darnos la mano, que corrían descalzos sobre las piedras simplemente para saludarnos o que se esforzaban en decirnos sus nombres para que nos los aprendiésemos. Con tres o cuatro palabras en tigriña (su lengua) y otras tantas en inglés conseguíamos sacarles algunas sonrisas. Aunque eso tampoco era muy difícil... una de las cosas que prendimos es que la pobreza no es siempre sinónimo de tristeza. L@s niñ@s de Mai Miné nos lo enseñaron...
Y en los ratos libres, descansábamos, intentábamos pensar mientras cada un@ escribía su diario y, de vez en cuando, nos enzarzábamos en discusiones que nunca llegaban a puerto... porque eso sí, los cinco somos de un padre y una madre. Pero eso era lo de menos. Lo importante es que allí estábamos juntos, habíamos coincidido en un mismo lugar y con una misma inquietud. Al fin y al cabo los cinco queríamos ver, oír, aprender y, sobre todo, no olvidar. Recordar para siempre que existen miles de Shemendis, Nebais, Soudis... aunque no sepamos ni sus nombres ni dónde viven.
Egilea: Lidia Montesino | Data honetan argitaratua 2002-09-12 | Lecturas: 1148